LA PAZ COMPLETA Y CIUDADANA

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Tan convulsionada y tan llena de reparos por los intereses de algunos sectores, la pregunta por la paz seguirá siendo uno de los interrogantes más importantes para este final del 2018 y comienzos del 2019, teniendo en cuenta el escenario de un Acuerdo de Paz deteriorado por los incumplimientos, la obstinada ruptura de los diálogos entre Gobierno y Eln, y la subsecuente orden de captura a algunos de los miembros de este grupo guerrillero.

 

En medio de este espacio político y social, en el que también convergen con preocupación la persecución y asesinato a líderes y lideresas sociales, la falta de representatividad política en la lucha contra la corrupción, los escándalos y la pérdida de credibilidad de altos funcionarios de las tres ramas del poder, la crisis humanitaria de venezolanos en nuestro país, la lucha estudiantil para el sostenimiento de la educación superior pública, entre otros temas, se va robusteciendo cada vez más el pesimismo y se va evaporando para muchos las aspiraciones de ir caminando hacia esa construcción de paz y reconciliación tan necesaria para nuestra región y país.

 

En materia de garantías a los derechos humanos y al cuidado de la vida, la situación no deja de ser grave. Según datos de la Defensoría del pueblo, entre enero de 2016 y agosto de 2018 han sido asesinados 343 líderes y lideresas sociales. Dichos asesinatos, que además continúan en aumento, carecen en su mayoría de una justicia efectiva, llegando incluso a que la impunidad alcance el 91.4 % de casos, según lo reveló en su reciente informe la ONG Somos Defensores. 

 

En lo relativo a la seguridad urbana, cada vez se percibe una ciudadanía más temerosa de sus ciudades por las situaciones experimentadas de inseguridad y violencia. En lo que respecta a Cali, si bien se reconocen sus esfuerzos, será necesario superar la dependencia a una estadística sin contexto, que la lleva a adjudicarse logros en medio de un espiral de ilegalidad que nunca ha cesado su dinámica y que se ha manifestado siempre unas veces con mayor intensidad que en otras. Aquí será fundamental cortar la cadena desde sus primeros eslabones tanto de la droga como del comercio legal e ilegal de armas. No es gratuito que la mayoría de muertes violentas en la ciudad sean causadas precisamente por arma de fuego.

 

Lo anterior nos pone ante otra dimensión en la búsqueda de la paz, que nos plantea la necesidad de asumirnos responsables por lo que a cada cual le corresponde. Necesitamos trabajar por una responsabilidad compartida y solidaria que nos una en una misma conciencia colectiva y en un solo propósito. Pero para ello será forzoso recuperarnos de la profunda crisis de honestidad y de la despreciable práctica, cada vez más visible en medios de comunicación, de negar al máximo la verdad hasta que de ella solo se pueda afirmar su falsedad; además de superar el uso de eufemismos que pretenden trasmitir la idea de que todo marcha por buen camino, de que “aquí no pasa nada”, cuando esto no es más que el placebo que encubre el engaño y la desatención por completo a los problemas de las comunidades.

 

De ahí que el camino hacia la paz también tenga que ver con una lucha incansable por la verdad y la ética de personas e instituciones. En esto el Gobierno nacional y las Administraciones departamentales y locales tendrán un importante desafío en la lucha contra la corrupción y por recuperar la credibilidad en las instituciones. Las prácticas de trasparencia serán fundamentales para su legitimidad. Aunque esto también deberá ser un proceso ciudadano que requiere el compromiso de pasar de la ilegalidad (tan enquistada en nuestra cotidianidad) a la cultura de lo legal y a una convicción más fuerte de que la justicia y el monopolio de las armas han de estar bajo el control de las autoridades.

 

La paz completa, la que se firma en los acuerdos y la que se gesta en la ciudad, es una construcción social en la que se hace necesario el concurso de todos: institución pública, empresa privada, organizaciones de la sociedad civil, iglesias y ciudadanías en general. En ese escenario de participación será necesario, además de la apuesta por la verdad y la legalidad, que el compromiso por la amistad social palpite imparable y se convierta en motor de un verdadero cambio en favor de la paz y la reconciliación. 

 

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